AFRICA, TANZANIA
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Un viaje “surrealista” en dhow al Atolón Mnemba, Zanzibar

Desde el  pueblo de Nungwi, Zanzíbar, se puede hacer una excursión en una embarcación hasta el Atolón Mnemba. Este paraje natural  es precioso y realmente especial para practicar snorkeling y buceo.

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Ahí a lo lejos estaba la orilla, dejábamos Zanzíbar rumbo al atolón

El Atolón Mnemba está a unas 2 horas en barco desde Nungwi y puedes contratar una excursión en unos barcos locales llamados “dhows” que son fabricados en la propia localidad, por la  zona donde estábamos.

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En esta playa se veía como se fabricaban los dhows

Estas embarcaciones “locales” tienen un mástil central bastante grande para poner una vela (triangular), están realizados con madera dura y de buena calidad (se oye como “cruje” durante todo el viaje) y se les pone además un “anexo trasero techado”.

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Otro dhow a nuestro lado durante este viaje de ida, aquí se ve el techado

Hola soy el capitán …

… pero no os llevare a esta excursión. Suena algo surrealista pero fue tal cual.

Impresiona “de primeras” conocer a un capitán de barco (cualquiera que sea la “envergadura” de su embarcación) pero casi al segundo siguiente nos quedamos “ploff” porque éste no se hacía responsable de nosotros,  ni del trayecto al atolón.

Tan solo nos ayudó a elegir el material necesario para hacer “snorkeling” (careta y aletas) y nos colocó una botella agua 1,5 litros (para no estar deshidratados durante el trayecto). Nos dejó en la orilla –a la mar de Dios enseñándonos a lo lejos el nombre del barco y su capitán, el que sí que nos llevaría al atolón. 

Una hora y media después de espera, vigilando para el barco no zarpara si nosotros y a que llegaran los otros “guiris” como nosotros que iban de excursión; el otro capitán, el de verdad nos hizo señas para subir “a su barco”. 

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El señor de bermuda roja, nuestro capitán

Navegando en una “patera” 

Fuimos casi los primeros que subimos al barco y nos sentamos en la parte techada para protegernos del sol. Nos dijeron como mucho habrían un máximo de 20 pasajeros.  A medida que yo iba contando seguían “subiendo más y más” personas.

Me entró un “agobio del copón” con mi interminable cuenta -entre pasajeros y tripulación- que sobrepasaba ya 40 personas. Aquello cada vez se parecía más una patera. Y no frivolizo nada, me sentí como si estuviera en una de éstas. 

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Parte de los que íbamos, había mas gente en la parte de atrás

Con ese “impacto” de comprobar que nadie protestaba por el exceso de personas, no saber si nos hundíamos en cuanto empezáramos a navegar y que el viaje de ida era “sólo” con el motor sin ayuda de la vela (no se si aguantaría tanto peso). Ademas íbamos completamente a contracorriente con bastante oleaje que el barco a veces daba saltos e incluso se sentía frío. Todos los elementos estaban en contra.

Viajábamos muy alejados de la orilla desde donde se veían pescadores buscando pulpos en los bancos de arena, en sus catamaranes y cada vez comprobaba como te alejaban más y más de la orilla,  “oteando” de un lado a otro en el horizonte no se veía ningún indicio de atolón.

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Pescadores en sus catamaranes

En medio de esos momentos interminables del “viaje de ida” que duró más de 1 hora vino la mejor parte del viaje, a lo lejos se divisaba un grupo de delfines, ¡Wow, eso si fue un subidón total!

Se veían lejos desde nuestra embarcación. Unos turistas de una embarcación cercana a éstos se tiraron enseguida a nadar entre ellos. Eso fue lo que me animó de ese infernal viaje … y hágase la luz, ya se veía al otro lado la cercanía del atolón. ¡Tierra a la vista!

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Atolón de Mnemba, un paraíso

Un paraíso bajo el agua

Durante mis pocas “horas de buceo submarino” haciendo snorkel estaba acostumbrada siempre lo habitual, algunos peces, rocas, morenas escondidas en cuevas, corales pero en el atolón hay un antes y un después; es un increíble  paraíso para practicar este deporte. Y de una belleza increíble. 

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Una aficionada del snorkeling en los alrededores del atolón

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Aguas turquesas y un mundo de infinita belleza abajo

Es increíble la cantidad de peces y paisajes submarinos para ver allá abajo mientras nadas alrededor del “atolón”, no puedes acercarte a la orilla y salir porque éste sitio es privado y debes estar autorizado previamente.

Te encuentras con esta fauna submarina “de frente” como si todos los peces fueran a chocar contra ti. Disfrutas de una gran variedad de peces de miles de colores (azules, rojos, amarillos, malva, marrones, negros), formas (rayados, con pintas), texturas y curiosidades o rarezas (calamares o sepias, caballitos mar, estrellas) que es imposible aburrirse.

Se aproximan hacia ti como si hubiera un “intenso trafico de hora punta” pero nunca chocamos realmente, se desvían en el último segundo como si estuviera todo calculado. En nuestro hotel había un gran catalogo de peces y corales que podías encontrarte por esos lares y cuando regresamos pudimos comprobar que habíamos visto gran parte de estos. 

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Había muchas barcas alrededor de nosotros haciendo snorkeling

Duró una hora y media la sesión de snorkel. Una increíble experiencia de vivir bajo este mundo singular y hermoso, repleto de sorpresas, de singular belleza y variedad. Lo único que te hacía salir de allí era la temperatura del agua que es algo fría y no llevábamos neoprenos. Con mucha pena tuve que salirme de este inolvidable paraíso.

Un paraíso de “blanco nuclear” frente al atolón

Como no podíamos bajarnos en el atolón una parte de la tripulación se quedó antes en una playa de enfrente (en Zanzíbar) para ir haciendo la comida para todos

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Aquí comíamos, enfrente del atolón y que pertenecía a Zanzíbar

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Parte de “tripulación del barco” que iba a cocinar en avanzadilla

Llevaban un gran pez (atún) para hacerlo a brasa junto con arroz blanco y fruta; comida con la que nos deleitaron después de la “dura sesión de snorkel”. 

El lugar elegido era una especie de “chiringuito” rodeado de unas playas de arenas blancas (parecía “blanco nuclear” y  que deslumbraban a la vista). Pero lo bueno acaba pronto, tocaba ahora sufrir el camino de la vuelta.

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A comer!!!

Viaje de vuelta -o que sea lo que Dios quiera

Después de esos maravillosos momentos bajo el agua, la magnífica comida y el estado de relax momentáneo en la playa paradisíaca estábamos de repente completamente “listos para hacer este viaje de vuelta”. Atrás quedaban esos miedos iniciales.

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Aquí vinimos a comer, un sitio paradisíaco

El viaje de regreso fue mucho más agradable, rápido – a mitad de camino desplegaron la vela entre todos los de la tripulación en una sincronía perfecta (velas patrocinadas por “Langi Langi”, un resort hotelero de Nungwi ) y volvimos mucho mas pronto de lo que pensaba. 

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Desplegando velas

Próxima parada, el faro

Cuando pensamos que ya lo habíamos visto todo, que no nos sorprendería nada más ya, va el capitán y pregunta que quien se queda cerca del faro.

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A escasos metros del faro nos dejaron, fin de la pesadilla

Mi marido y yo (indecisos y un poco titubeantes de la vergüenza) decimos que nuestro hotel esta por ahí y el barco tuerce rumbo, se aproxima a la orilla y nos dejan a escasos 200 metros del hotel como si fuera una parada del bus. ¡Mejor imposible!

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A lo lejos se veía el atolón de Mnemba, la arena era tan blanca que dolía a la vista

Si quieres ver más fotos, ve a este link de FLICKR
ATOLÓN MNEMBA, ZANZIBAR

© TU HOBBIE TU VIAJE
Un Cóctel de Viajes y Hobbies

8 Comments

  1. Preciosas fotos, pero yo que no soy muy acuática que digamos y que el mar me da mucho respeto, creo que hubiese abandonado la superpoblada barca, jejeje, miedos irracionales que tiene una! Cuando vaya por allá no me pierdo Zanzibar ni loca. Un besote.

    • Ya después de estar subidos como que pensé que nos salíamos, nos perdíamos esa experiencia y por eso me quedé. Yo lo contrario que tu, soy 100% marítima pero también se que el mar hay que mirarlo con respeto. Muchas veces es cierto que los miedos son irracionales pero en este caso creo que estábamos con bastante sobrepeso.
      Pepa esta isla es maravillosa, por cualquier rincón por donde la mires. Yo repetiría ya mismo. Un abrazo.

    • Más bien “temerarios”…
      Cómo no sabíamos la manera de salir de esa situación tuvimos que seguir allí. Muchas veces te superas a ti mismo sin saber que te esperaba ese tipo de situaciones. Luego lo ves como una anécdota de viaje y te ries. Gracias por comentar. Muasss

  2. Me encantó… no me acordaba cómo se llamaba el atolón a donde habíamos ido nosotras de excursión, así que he revivido buena parte de mi viaje con vos (sólo que disfruté del viaje en barco… y no recuerdo que nos hayan dado comida). Un beso!

    • Estaba ese atolón más al sur y una isla en el norte . Es una chulada de sitio. Gracias a ti. No sabía que lo conocías. A lo mejor han evolucionado las excursiones desde que tu fuiste y ahora incluyen más cosas… 🙂
      Un abrazo.

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